Revista Mola

Cuando contamos que vivimos en Punta del Este, nos dicen que vivimos en los Hamptons de America del Sur, donde se reúne el jet set la primer quincena de enero para disfrutar de los mejores atardeceres acompañados de arte, cultura y moda.

Los que vivimos acá todo el año vemos a Punta del Este entrar en suspenso durante el invierno, para empezar a moverse nuevamente en septiembre. Y así, con tranquilidad todo se preparada para la próxima temporada. 

Los locales empiezan a poner a punto las fachadas, las vitrinas, cambian los decks, empiezan a desaparecer los carteles que dicen “Nos vemos la próxima temporada”. Se terminan las liquidaciones de los stocks del año anterior para que lleguen las cajas,  los containers y los fletes con nueva mercadería a nuestros clásicos negocios 

Se empiezan a prender las luces de los bares y de los restaurantes de La Barra y de José Ignacio a la noche. Esos que hacen patria, y que están abiertos todo el año, expanden sus horarios. 

Y así, llega octubre, y uno que se imagina un gran cartel de neón con dice “We are back”, en estos fines de semana empiezan a parecer los primeros turistas en busca de alquileres para enero. Se palpita el éxito de la temporada y los locales cambian los flores de los canteros. 

Se ven a los propietarios de las casas aparentemente abandonadas en fuera de temporada, recién llegados, nerviosos en las ferreterías, que vienen a preparar las cosas para los fructífero alquileres del verano buscando anillas para la cortina de baño en la ferretería. Suenan los teléfonos de las inmobiliarias.  

Se empiezan a juntar los clientes en las colas del super mercando, ves caras desconocidas en locales que siempre están atendidos por caras conocidas. 

Y nosotras ¿estamos listas para la temporada?

Cuando sos joven en septiembre empezás a ponerte un poco en forma, tranqui, con una dieta que casi no es dieta, vas dos veces por semana al gimnasio y listo. Así, llegaste, para al 20 de diciembre te sentís una bomba. Podes enfrentar las playas esteñas sin miedo, llenas de chicos con la tabla de surf al hombro y después en los populares bares post playa que explotan de gente. 

Pero, cuando llegan  los 40’, los hijos, el marido, la familia y el fin de año la historia es un poco diferente. Aparecen las dietas más complejas, la antigua antidieta, la proteica, la paleo. El gimnasio ya no alcanza siendo eventual, debe ser un sacrificio diario pero  por el colegio de los chicos, el trabajo, el super y las clases de música, de golf, de tenis o a alguna de las varias opciones que propone Punta del Este, queda ahí justo ahí colgado en el principio del deber. 

Entonces, como no podes ir al gimnasio, empiezan los 10 o 15 minutos de gimnasia en casa via youtubers que te pasan las mamás del cole. Esto se acompaña con un poco de falta de voluntad y muchísimos eventos como las fiestas de fin de años de los hijos, de los compañeros de trabajo de tu marido, de los tuyos y se suman las fiestas de cumpleaños de los amigos de tus hijos que decidieron festejarlo después de octubre para aprovechar los días más lindos de Punta del Este. 

Y así, van pasando los meses entre dietas y fiestas. Por ultimo, nuestras mascotas parecieran olfatear el vertigo por venir y deciden agregarle a nuestra agenda más visitas al veterinario que las de costumbre.

Ya a mediados de diciembre cuando empiezan a prenderse los semáforos en las calles de Punta del Este, te das cuenta que vos nunca pusiste primera, seguís igual que en julio. La idea de estar en forma fue solo eso, una idea y te preguntas cómo vas a estar para la temporada que arranca en 10 días y todavía te faltan Navidad y Año Nuevo.

Es mañana decidís darle una empujón final, este es tu momento, la ultima quincena de diciembre, te convences, ahora sí hago dieta. Esta propuesta, en mi caso, seguro que falla. 

Y así llegan los últimos días de diciembre, empiezan a llegar los autos, los buques y los aviones con todos los turistas que dan vida a la temporada de Punta del Este. Las playas llenas turistas de todo el mundo, de amigos, viejos y nuevos, los brindis, el glamour y los tragos, te terminas entregando al placer, a las comidas en La Huella, a los atardeceres en Flo, en Borneo, a los churros Manolo y a las medialunas calentitas.

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